Alguien mueve los hilos

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“De la servidumbre moderna”

¿Imaginas un mundo en el que toda la población estuviese controlada, de una forma o de otra, por unos pocos individuos? ¿Imaginas una sociedad cuyos habitantes se sometiesen de forma voluntaria a un régimen de esclavitud y dominación? ¿Imaginas un sistema que hiciese girar las vidas de todos quiénes lo componen en torno a unos pedazos de papel? Ese mundo existe y es este que habitamos,  administrado y regido por las bases del modelo capitalista y el libre mercado.

Desde pequeños nos vemos inmersos en un sistema educativo que está planteado para enseñar a los niños a ocupar su lugar en la economía, a formarse para ser un eslabón de la cadena, produciendo y reportando beneficios a un ente social manejado por el capital.  Se enseña a adoptar una profesión y a medir nuestra valía personal en función de las calificaciones obtenidas; aprendemos a ser responsables y funcionales, a competir en vez de cooperar, a obedecer y a aspirar a una vida exitosa, dentro de unos parámetros que no contemplan las verdaderas necesidades individuales del ser humano.

Los medios de comunicación tienen un papel fundamental en este fenómeno de manipulación social. El problema del capitalismo instalado en Occidente es que se produce mucho más de lo que corresponde a las necesidades reales de la sociedad. Como para mantener el equilibrio económico es preciso dar salida a la producción, el capitalismo se ha visto obligado a educar a los ciudadanos de manera que sientan el deseo de poseer los últimos productos que salen al mercado. De esta forma, no sólo se sostiene el nivel de consumo, además se justifica un ritmo de vida frenético, cuyo objetivo es adquirir el dinero necesario que nos permita conseguir esos bienes.

Pero esta manipulación no sólo afecta al área del consumismo, también sesga nuestra percepción de la realidad, mediante el empleo de sutiles técnicas que fácilmente pasan desapercibidas para la inmensa mayoría. La distracción mediante el diluvio de información de poca importancia, la creación de problemas para provocar reacciones, el trato infantilizador del público,  el estímulo y premio de la mediocridad o la utilización del aspecto emocional son algunos de los métodos habituales utilizados  por los centros de control de la información y de la comunicación para crear una opinión pública y dirigir a la sociedad en la dirección que mejor convenga. Nada ni nadie escapa de la influencia del sistema.

“De la servidumbre moderna”, dirigida por Jean-François Brient, denuncia la condición del esclavo moderno en el marco del sistema totalitario mercantil, dando a conocer las formas de mistificación que ocultan esta condición servil.Nos muestra cómo la organización dominante del mundo se ha apropiado de todos los aspectos de nuestra vida: desde el territorio en el que vivimos hasta los  alimentos que tomamos.  Describe la destrucción del medio ambiente, la esencia del trabajo alienado, la ilusión de una falsa libertad a través del dinero y la mentira de un sistema democrático que limita el poder del pueblo a la elección de un amo u otro.

“Ilusiones necesarias”, de Peter Wintonick, Mark Achbar, se centra en la figura de Noam Chomsky y su importante papel como activista y crítico del capitalismo contemporáneo, que revela y desenmascara el control del pensamiento en la sociedad democrática y la función de unos medios, supuestamente libres, como instrumento para las necesidades de quienes ostentan el poder.

“Gran superficie” es una producción española de la iniciativa Consume Hasta Morir, que reflexiona sobre nuestros hábitos de consumo y el peso que tiene la publicidad en nuestras decisiones. La publicidad, el principal canal de difusión de la ideología consumista, transmite de forma normalizada valores hedonistas e individualistas y considera el consumo como la vía más exitosa de distinción social. Sin embargo, lo que mejor define el consumo de los casi 2.000 millones de personas que formamos parte de la clase consumista, es la distribución injusta de la riqueza, el agotamiento de los recursos y un ilusorio progreso infinito, basado en lo económico, el cual no parece hacernos más felices.

“La doctrina de shock”,  de Michael Winterbottom y Mat Whitecross, se inspira en el libro del mismo nombre de la periodista Naomi Klein y realiza una dura crítica de las políticas neoliberalistas y reformas sociales impuestas en muchos países, a través de fuertes impactos en la psicología social, como desastres naturales, guerras, atentados y sucesos graves que causan conmoción en la población. Se hace un interesante repaso de hechos históricos en los que se ha aplicado esta terapia de shock para llevar a cabo ciertos cambios en el modelo económico.

¿Qué podemos hacer al respecto? ¿Podemos aspirar a un cambio social? Hoy día se respira una insatisfacción generalizada que se traduce en indignación, con protestas por un lado y fuertes actos represivos por el otro. En “Cómo empezar una revolución”, de Ruaridh Arrow, el profesor Gene Sharp, nominado al premio Nobel de la paz y fundador de la Institución Albert Einstein, nos ofrece unas pautas para una lucha no violenta contra el poder, basada en actos de desobediencia, huelgas y boicots para socavar la estructura del poder político. Estos métodos y estrategias de acción no violenta fueron puestos en práctica por primera vez y perfeccionados en Serbia, en las revueltas populares que derrocaron a Milosevic. Más tarde se aplicaron en las revoluciones de Ucrania y Rumanía, y han acabado siendo utilizados por los líderes de los movimientos de la Primavera Árabe.

Revisa tu vida, tus hábitos, tus deseos y necesidades y plantéate, ¿es esto lo que quiero? ¿Es así el mundo en el que desearía vivir? Desaprendamos lo aprendido para empezar de nuevo y construyamos una realidad política, económica y social más justa, sin opresión y donde cada individuo tenga la oportunidad de alcanzar su propia felicidad.

“-¿No podrías organizarlo de tal manera -preguntó Momo-, que los ladrones de tiempo no pudieran robar más a los hombres?

-No, eso no puedo hacerlo -contestó el maestro Hora-, porque lo que los hombres hacen con su tiempo, tienen que decidirlo ellos mismos. También son ellos quienes han de defenderlo. Yo sólo puedo adjudicárselo.” (MomoMichael Ende)

Artículo publicado en: http://www.ethicalmagazine.org/alguien-mueve-los-hilos-por-noemi-alba/#more-1765

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