Educando en el respeto,educando por la vida

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La mayoría de los niños nacen con una curiosidad natural por los individuos de otras especies, como parte de esa necesidad innata de conocer su entorno, el mundo en el que viven y los seres con quienes lo comparten. Es un momento clave en el que, dependiendo de la educación que reciben y las experiencias  que experimentan, se definirá su calidad humana en función de su empatía e inteligencia emocional.

Por desgracia, tanto el entorno social como el sistema educativo se rigen según criterios especistas, que menosprecian la consideración de los demás animales como seres dignos de derechos y de un trato de igual a igual.Poco a poco y de forma sutil se inculca a los niños la idea de que crecer y madurar es aceptar que las otras especies  tienen una única función en el mundo, que es la de proveer a los humanos, y cualquier signo de ternura o conmiseración para con un animal, se llega a tachar como un rasgo de debilidad e inmadurez.

Así nos lo relata un granjero en el documental “El Reino Apacible”: “Crecí en una familia de granjeros y me enseñaron de niño  que están ahí para nuestro uso, que es parte de un ciclo natural de nacimiento y muerte, y que nos sustentan a través de este ciclo. Yo, obviamente, caí en ello, pero había algo en mi mente que me decía que no tenía sentido, algo que no me hacía sentir bien. También teníamos perros y gatos y yo estaba muy unido a mis perros, éramos como mejores amigos, hacíamos todo juntos, pero con los animales de granja era diferente. Estaba bien sentirse mal por ellos, mi madre me dijo que era normal sentirse mal por matar animales para comer, pero no dejas que se te note, no lo muestras, te lo guardas dentro. La última cosa que quieres ser es débil”.

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Evidentemente, esta es una disociación brutal pero imprescindible cuando se vive del negocio de la ganadería, y que ocurre a menor escala en la educación de los pequeños que crecen en la urbe, alejados de las granjas y ajenos a la auténtica realidad de estos animales. El proceso de insensibilización se lleva a cabo de forma más sutil, mediante cuentos que muestran animales sonrientes y felices, entregando con gratitud el producto de su cuerpo, omitiendo siempre la parte terrible del proceso, sin mencionar jamás la palabra muerte y utilizando términos vagos para referirse a partes del cuerpo sin especificar, como por ejemplo: “cinta de lomo” en lugar de “espalda de vaca”, “jamón” en vez de “pierna de cerdo”, etc. Además, las comodidades de las que gozamos en la ciudad desnaturalizan el producto hasta el punto de imposibilitar el conectar los alimentos que se nos venden en el supermercado con los animales de los que provienen. Terminamos asumiendo que la leche viene de una fuente inagotable que rellena los tetrabrick, y el queso en lonchas o los nuggets de alguna fábrica que los elabora, como se hacen las galletas o el pan, sin retroceder más allá en la cadena, hasta la obtención de la materia prima.

Y así, con el paso de los años, nos hacemos mayores, ignorando, quizá de forma voluntaria, esa verdad dolorosa que los niños y niñas en las granjas conocen tan bien, pero que a los demás se nos oculta. Dolorosa porque, para la mayoría de los humanos, la idea de ser responsable del dolor y sacrificio de otro ser vivo nos resulta difícil de digerir, como ese asado de trozos indistinguibles de un cuerpo, decorados y aliñados para ocultar el sabor de alguien que ya está muerto. Y esa realidad, tan cruda para una mente adulta, se disfraza, se edulcora y se manipula para proteger a los más pequeños.

Pero existe un modo amable y gratificante de abrir los ojos y aprender a conectar con las demás especies. Los santuarios de animales permiten a los niños descubrir a esos grandes desconocidos que son los animales, mal denominados “de granja”, entender sus necesidades, sus comportamientos y aprender a empatizar con ellos como lo hacen con sus compañeros perros o gatos. En estos espacios, aprenden, además, que existe otro estilo de vida que no es el convencional, pero que es el correcto porque se basa en el respeto.

Expertos en pedagogía y psicología infantil confirman la vital importancia de trabajar la capacidad de la empatía desde edades tempranas, como un elemento fundamental para unas relaciones sociales sanas y equilibradas, para saber comunicarse mejor y para fortalecer la autoestima, lo que se traducirá en personas más felices. En torno al año, los niños van adquiriendo conciencia de su propia persona y empiezan a distinguir a los demás como realidades distintas de la suya; entre los dos y los tres años, tienen la capacidad de comprender que los demás tienen sus propios sentimientos, que son diferentes de los de uno mismo; sobre los seis años, dan un paso más y llegan a entender que las demás personas tienen una historia propia que condiciona sus reacciones emocionales; y a partir de los diez, son capaces de ponerse en el lugar del otro y comprender los sentimientos ajenos. Este desarrollo se ve estimulado por un proceso de aprendizaje básico en los niños: la imitación. Por eso, para educar a un niño, no sólo sirven las buenas palabras y las explicaciones de lo que es correcto y lo que no, si después, esas explicaciones no se corresponden con la forma de actuar de los adultos que tiene a su alrededor.

Desde El Hogar ProVegan proponemos y promovemos un estilo de vida vegano como expresión máxima de justicia, respeto y empatía, que desde luego no solo beneficia al propio niño y a sus familias, sino también a los demás animales. Entre los estudios recopilados por el Dr.Ernst W. Heinrich para ProVegan, destacan los realizados por científicos norteamericanos, en los que se reveló que la inteligencia promedio de los niños veganos es superior a la del resto. Esto es debido a una educación con un buen desarrollo de la empatía y a una alimentación más saludable y menos tóxica, fundamental para el buen rendimiento intelectual.

Entre nuestros proyectos para llevar a cabo esta importante labor, se encuentra la publicación del libro de cuentos “La alimentación más sana” (una adaptación al público infantil de nuestro conocido libreto); la creación de un blog infantil como biblioteca de recursos didácticos antiespecistas, así como rutinas y consejos para tutores, madres o profesores que quieran impartir esta educación; la organización de dinámicas y eventos de concienciación y actividades lúdicas  alternativas respetuosas con todos los animales. Además, trabajamos elaborando recursos educativos que fomentan el veganismo y proporcionando soporte a las familias veganas (o en proceso) a través de una sección especial en redes sociales, con el apoyo profesional de psicólogas, nutricionistas y por supuesto la experiencia de muchas madres.  Queremos también acercar a los niños y sus familias a los animales, y mostrarles sus historias mediante eventos o visitas guiadas. Recordamos con mucho cariño la historia del pequeño Juan Pablo y su madre, que asistieron a El Hogar a una de las visitas infantiles que organizamos. Allí conocieron a los habitantes del santuario e, interactuando con ellos, descubrieron que hay un mundo emocional complejo y una personalidad única detrás de cada uno. Y les gustó tanto que  quisieron repetir. En la segunda visita, participaron en nuestro reportaje “Todos los niños saben que hay un mundo mejor”,  donde la mamá de Juan Pablo nos relata: “Hoy dejamos un pollo para asar y me dice, ‘mamá, mira las gallinas y mira que hemos dejado para asar un pollo… ¿Tú qué crees? ¿No lo hacemos?’ Y le dije, pues no, no lo hagamos”.

En El Hogar ProVegan somos conscientes de que una educación antiespecista es un pilar imprescindible para la lucha por la igualdad y la justicia, y por eso, queremos proporcionar a la sociedad una herramienta inmejorable que promueva un cambio de perspectiva, el cual, además, supondrá un enriquecimiento emocional para las nuevas generaciones. El desarrollo de la empatía en las edades más tempranas es la garantía para convertirse en un adulto con valores íntegros y respetuosos con las vidas ajenas, y es, por consiguiente, la garantía de un futuro mejor para todos.

Artículo publicado en: http://www.ethicalmagazine.org/educando-en-el-respeto-educando-por-la-vida-por-noemi-alba/#more-3585

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