Feliz Falsedad

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Una vez más llega diciembre, y con él las calles y los comercios se llenan de derroche, sometiendo a los ciudadanos a una sobreestimulación de los sentidos: luces que desafían a la noche, música repetitiva, decoración excesiva y recargada, exposición de productos alimenticios propia de una amenaza de holocausto nuclear…

Es la Navidad, acompañada de ese ambiente mágico que parece llenar la atmósfera de bellos sentimientos, bondad a raudales y buenos propósitos.  La alegría forzosa que los medios y los comercios nos tratan de encajar choca brutalmente con la realidad de muchas personas, las cuales se sienten fuera de lugar en estas fechas, abrumadas por la soledad o incluso frustradas por no poder estar a la altura de las exigencias consumistas de una verdadera celebración.

Lo mismo ocurre con la moda navideña de la caridad. Las ong’s hacen su agosto en estas fiestas, en las que parece brotar la solidaridad de forma tan repentina como desaparece durante el resto del año. Y aunque, por supuesto, es preferible tener un gesto de generosidad cada doce meses a no tenerlo nunca, merece la pena reflexionar y preguntarse si no es un modo de acallar la conciencia ante un despilfarro materialista tal, que a veces sobrepasa las propias posibilidades.

Parece un acto contradictorio donar 10€ para los niños de África y  llenar la mesa de manjares, dulces y licores para alimentarnos de forma excesiva, innecesaria y poco saludable.

El despropósito ha llegado a tal punto que las empresas entregan la paga extra o aguinaldo en este mes para que los trabajadores puedan hacer frente a los elevados gastos que supone la Navidad. Hasta se ha instaurado un día oficial para las compras navideñas: el Black Friday, el primer lunes después de Acción de Gracias; una tradición más que hemos de agradecer a los Estados Unidos.

Pero la Navidad no siempre fue de este modo. Ni tampoco consta en los escritos que Jesús naciese el 25 de diciembre. Religión, Papá Noel, compras, villancicos, festines, Reyes Magos… ¿cómo este popurrí ha dado lugar a las fiestas navideñas como las conocemos hoy? Aunque es una festividad que durante siglos ha tenido un carácter cristiano, sus inicios fueron paganos, y su origen proviene del sincretismo de celebraciones de distintas culturas, como el festival romano de la Saturnalia en el solsticio de invierno y el homenaje germánico al dios Frey en torno a un fresno decorado que representaba el árbol de la vida.

“La verdadera historia de la Navidad”, de Alison Guss hace un recorrido en la historia de estas fiestas desde sus orígenes hasta nuestros días, mostrándonos cómo tradiciones ancestrales se han ido transformando y manipulando en función del contexto social, absorbidas primero por la religión y devoradas en las últimas décadas por una vorágine comercial y consumista.

Nos descubre datos curiosos como que las primeras versiones de la entrañable leyenda de Papá Noel le describían  como un demonio terrorífico que se llamaba Krampus, que golpeaba y raptaba a los niños que cometían travesuras. O que los primeros en cantar villancicos fueron juerguistas y parranderos que iban puerta a puerta intimidando a la gente, exigiendo alcohol y comida, lo que provocó que en EE UU, durante los siglos XVII y XVIII, estuviese prohibido celebrar las Navidades, por considerarse unas fiestas de excesos y desmadres inapropiados para la moral.

“Qué compraría Jesucristo”, dirigido por Rob Van Alkemada, es un curioso y divertido documental protagonizado por el activista Bill Talen (alias el reverendo Billy),  que ha creado la iglesia ‘Basta de compras’ para hacer una cruzada contra el consumismo en Estado Unidos.  El reverendo y su coro viajan en autobús por los centros comerciales del país, y allí cantan y lanzan su mensaje  hasta que son expulsados por la policía. Manifiesta  abiertamente su rechazo hacia las grandes superficies, que suponen la ruina del pequeño negocio y el consumo local. Ahora, a la mayoría de los consumidores, la Navidad les produce más temor que entusiasmo, y sin embargo, este año los estadounidensesgastarán medio billón de dólares y generarán cinco millones de toneladas de residuos añadidos. Las cifras varían en nuestro país, pero la dinámica es obviamente la misma.

“Preparando la Navidad”, de Ian Wee, nos lleva de viaje a varias partes del mundo para ver lo que realmente hace que esta fiesta mundial sea especial para miles de millones de personas. Desde las fábricas de juguetes en China a las granjas de pavos en Malasia, la preparación para la Navidad es un gran esfuerzo y  reporta grandes beneficios económicos. La fábrica de juguetes ha dejado de estar en el Polo Norte y se ha trasladado al sur de China, donde Papá Noel ha montado sus talleres. Los juguetes que se venden en todo el mundo ya no vienen de Laponia, ahora son Made in China. Sin duda, la Navidad es un gran negocio.

“¿Comercio justo a cualquier precio?” dirigido por Hubert Dubois, trata el tema del comercio justo que promueve esa solidaridad que parece avivarse con fuerza en las fiestas navideñas. El comercio justo o solidario surgió en 1980, y durante mucho tiempo permaneció confinado en las tiendas asociativas y en las ventas caritativas. El acto de compra era militante, manifestaba la expresión de la solidaridad entre los consumidores del norte y los pequeños productores del sur. Sin embargo, la esencia del comercio justo comenzó a perderse y a devaluarse en el momento en que los centros comerciales entraron en la ecuación. De nuevo, quienes salen perdiendo son los agricultores pobres, en beneficio de los directivos de los grandes comercios.

“La historia de las cosas” es un mini documental web que nos explica de forma clara, breve y gráfica cómo funciona el ciclo de los bienes materiales que consumimos, desde su extracción hasta su transformación en residuos. Como dijo el economista Victor Lebow, “Nuestra economía enormemente productiva pide que hagamos del consumo nuestra forma de vida, que convirtamos la compra y uso de los bienes en un ritual, que busquemos nuestra satisfacción espiritual, nuestra satisfacción del ego, en consumo… nosotros necesitamos cosas consumidas, quemadas, reemplazadas y descartadas a paso acelerado.” Está en nuestras manos romper con este patrón y trabajar juntos para crear un mundo más justo y sostenible.

Las fiestas y celebraciones son una parte importante de nuestras vidas, son incluso una necesidad humana, como animales sociales que somos, y tienen un papel fundamental en la preservación de la identidad cultural. Además, nos vincula emotivamente al resto de individuos de la comunidad y suponen una pausa y una vía de escape de la cotidianidad y las preocupaciones. Pero ninguna festividad, como forma de expresión de nuestra identidad e instrumento de conexión social, debería estar supeditada a los intereses de un sistema que gira en torno al dinero.

Artículo publicado en: http://www.ethicalmagazine.org/feliz-falsedad-por-noemi-alba/#more-1949

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