Fiestas de Sangre

Según las encuestas, a ojos extranjeros, España es el país por excelencia del abuso y el maltrato. Lamentablemente nuestro país se ha adjudicado una merecida fama de nación cruel y perversa, labrada a fuerza de abuso, muerte y tortura, ya desde los tiempos de la invasión de América o la creación del Tribunal de la Santa Inquisición.

Siglos después, esta vergonzosa reputación se mantiene prácticamente intacta a causa del trato que, en cada rincón de España, se le da a los animales.

Las hogueras que hace siglos iluminaban aquellas noches medievales, oscuras de miedo y de ignorancia, donde ardían mujeres inocentes, se mantienen encendidas hoy en las astas de los toros de Júbilo, cuyos bramidos de dolor son ignorados igual que los gritos de aquellas que se consumían en las llamas.

Las ejecuciones celebradas públicamente con intención ejemplarizante, a menudo sin más juicio previo que acusaciones fundadas en la superstición, reunían a un pueblo que gustaba de contemplar, -revelando así la faceta más morbosa, voyeur y sádica del ser humano-, la agonía y muerte de algún vecino. Hoy, podemos rememorarlas vívidamente en cada plaza de toros donde a las 5 de la tarde comienza el tormento a manos de los verdugos.

Las sesiones de tortura contra los herejes y castigos de humillación pública jamás quedaron atrás, en la bruma de tiempos lejanos. Medinacelli, Lekeitio, Peropalo, Tordesillas, son lugares en los que la violencia y la sangre forma parte de la idiosincrasia de muchos de sus habitantes, e infligir dolor a un inocente llega a ser incluso motivo de gran orgullo.

En el Nuevo Mundo los indios nativos, salvajes e inferiores a ojos de los colonos, eran hostigados, sometidos y esclavizados como una propiedad, en nombre de antiguas tradiciones cristianas. Los españoles parecen no haber perdido este hábito: aún se acorralan a los caballos salvajes para marcarlos y robarles su cabellera, y en Pamplona, año tras año, se celebran terribles fiestas de acoso y derribo con sacrificio público.

La violencia, es violencia censurable sea quien sea la víctima, y la normalización de conductas agresivas, trae consigo de forma inevitable, el embrutecimiento de la población.
La evolución y prosperidad de una nación solo es posible si se desarrolla bajo los parámetros de la empatía y el respeto por la vida y el bienestar ajeno.

Unamos nuestras voces en un clamor que se oiga en todos los rincones donde se maltrata a un animal, rechacemos abiertamente cualquier tradición que agreda a otro ser vivo.

Artículo publicado en: http://elhogarprovegan.org/ESP/abre-los-ojos/fiestas-sangre

vidxgzx

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s