La importancia de los insectos

Al principio de los tiempos y mucho antes que nosotros los humanos, estaban los bichos. Proliferaban ya entre la frondosa vegetación prehistórica y recorrieron una parte de la historia de la Tierra junto a los imponentes dinosaurios.

En la actualidad representan el 70% de las especies del planeta, muchos de ellos son aún desconocidos y sin catalogar. Hay insectos de todo tipo: voladores, terrestres, acuáticos, subterráneos, grandes y pequeños, sociales o individualistas, pero si algo tienen en común es el rechazo que habitualmente provocan a muchos humanos.

¿Qué papel cumplen los insectos en la naturaleza?

La importancia de los insectos en el ecosistema es tan fundamental que hay estudios que afirman que sin ellos la especie humana en la Tierra sobreviviría tan solo un mes.

Una de las funciones de vital importancia es la polinización, sin la cual muchas especies vegetales no podrían reproducirse. Los insectos van de flor en flor y transportan en sus pequeñas patas el polen que las fecunda. Los cultivos que nos alimentan también dependen de la existencia de estas minúsculas criaturas.

Otra importantísima función es el reciclaje y la eliminación de suciedad o materia orgánica muerta. Muchos insectos se alimentan de los cadáveres u otros materiales en descomposición y esto permite que no se amontonen a lo largo y ancho del planeta. Por ello juegan un papel tan importante en la conversión de plantas y animales muertos, a sustancias mucho más simples que mejoran la condición física del suelo y su fertilidad, y que son utilizadas posteriormente como alimento por los árboles y las plantas.

Por supuesto, ellos mismos también sirven de alimento a otras muchas especies como son las aves y algunos mamíferos.

Otra función positiva y crucial para mantener la diversidad es, por sorprendente que parezca, el parasitismo. Los insectos parásitos ayudan a prevenir la superpoblación y contribuyen al desarrollo de adaptaciones evolutivas.

¿Por qué existe la fobia a los insectos?

La entomofobia o insectofobia es el miedo irracional a los insectos y otros artrópodos y suele provocar reacciones de pánico, llanto o gritos incontrolables, así como una fuerte necesidad de huir del lugar.

Existen varias teorías a esta fobia:

Aprendizaje: cuando un suceso ocurrido en la infancia nos provoca gran ansiedad, puede desatarse el comienzo de una fobia que se puede ir generalizando a más situaciones.

Genética: algunos científicos proponen que puede tratarse de una reacción genética y adaptativa al medio que podría transmitirse de generación en generación, ya que algunos insectos pueden ser venenosos y provocar picaduras dolorosas y, en algunos casos, mortales, por lo que alejarse de ellos tendría una función de preservación de la propia especie.

Observación: sucede cuando un niño contempla comportamientos fóbicos en su entorno y aprende que esa es la reacción normal ante los insectos, o bien cuando es testigo de alguna picadura y sus consecuencias negativas.

Cultural: el peso de las leyendas urbanas, la literatura o el cine, pueden llegar a definir el valor o el trato que le damos a una especie.

abeja

¿Se puede superar? ¿Cómo?

Si la fobia es tan aguda que perjudica tu calidad de vida lo mejor es solicitar ayuda profesional para encontrar juntos las posibles causas y la terapia que mejor solucione el problema.

Otra opción es enfrentar los miedos, racionalizarlos  y exponerse de forma lenta y gradual hasta que se deje de sentir ansiedad ante lo que provoca ese horror.

Pero probablemente la manera más eficaz para eliminar cualquier fobia es, y será siempre, la información. La desinformación suele conllevar prejuicios y miedos infundados que perjudican a ambas partes, aunque el temido es el que resulta siempre peor parado.

Conocer a estos seres, cómo se comportan realmente, cómo viven y se comunican o qué habilidades tienen, te ayudará a familiarizarte con ellos y dejar de percibirlos como una amenaza.

Las hormigas, por ejemplo, forman sociedades casi tan complejas como las humanas y su reina puede alcanzar una esperanza de vida de 30 años.

Las orugas lanudas hibernan durante más de dos años y una vez hecha su transformación, sólo viven como polillas una semana y media, ¡carpe diem!

Las cigarras pueden llegar a vivir 17 años y su voz puede alcanzar los 86Hz (la voz humana en una conversación normal está sobre los 100Hz).

Durante muchos años, las abejas desafiaron a la ciencia y a las leyes de la física, hasta que al fin se pudo descubrir el mecanismo de su vuelo.  Se comunican con sus compañeras bailando.

El hilo de la tela de una araña puede ser más resistente que un filamento de acero del mismo grosor. Cada especie de araña teje su tela según un patrón particular.

Cierto tipo de pulgones tienen un sistema de fotosíntesis y los pigmentos de sus cuerpos pueden absorber la luz del sol y transformarla en energía.

La garrapata hembra se queda tan satisfecha después de aparearse con el macho que aumenta 100 veces su peso.

A las cucarachas les cuesta arrancar por la mañana y hasta bien entrado el día no pueden formar nuevas memorias y aprender sobre el entorno. Poseen unas células nerviosas capaces de matar gérmenes.  Toman decisiones en grupo y algunas especies de cucaracha chillan cuando son atacadas.

Y aunque es cierto que algunos de ellos inoculan veneno para protegerse de sus depredadores, sólo un pequeño porcentaje en todo el mundo resultan letales. Probablemente habrás sufrido más dolor, y con mayor frecuencia, cayéndote de la bicicleta, haciendo deporte o simplemente golpeándote accidentalmente el dedo del pie contra la pata de la mesa, que por la picadura de algún bicho.

Pero lo más importante de todo es que también los insectos, por pequeños que sean, experimentan dolor. Estudios revelan que se ha encontrado sustancia P en algunos insectos, el mismo neurotransmisor que a los humanos nos provoca la señal de dolor.  Muchos, modifican su conducta tras haber sufrido experiencias negativas (lo que indica que tienen recuerdos) y también hay insectos que responden emocionalmente de forma similar a los humanos ante situaciones de estrés y presentan comportamientos pesimistas. Muchos son conscientes del mundo que les rodea y toman decisiones según su conveniencia.

Ellos, los bichos, aunque su aspecto no nos agrade, son dueños de un complejo sistema nervioso, y minúsculos pero sofisticados cerebros. Piénsatelo dos veces antes de usar tu zapatilla o alguna sustancia tóxica. Si no los quieres en casa, utiliza ahuyentadores respetuosos.

El planeta es de todos y nos necesitamos los unos a los otros, hasta al bicho más pequeño.

Artículo publicado en: http://blog.elhogarprovegan.org/2016/01/02/la-importancia-de-los-insectos/

libe
Foto: http://www.mariodiges.com
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