Patriarcado: el yugo invisible

Existe la constancia de que hace milenios, en los albores de la humanidad, cuando surgían las primeras civilizaciones, la sociedad se estructuraba en torno al matriarcado que otorgaba a la mujer el poder político, económico y religioso de su comunidad. La vida giraba plácidamente en torno al clan familiar y la figura femenina era considerada y respetada como fuente de toda vida.

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Pero en un momento dado la mujer fue desplazada del ejercicio de poder y de la actividad productiva y relegada a un segundo plano de subordinación, por varios factores posibles.

El desarrollo de las civilizaciones produjo un aumento de la población y por consiguiente también de la producción. El control y la gestión de los bienes provocaron probablemente conflictos de intereses y disputas, tanto de forma interna como con tribus vecinas, que involucraron a los hombres por la ventaja de una mayor fuerza física. También ocurrió que el hombre “descubrió” que la gestación no era una gracia otorgada por la Diosa a las mujeres, y que la figura masculina tenía un papel fundamental en la reproducción. Así, como forma de asegurar la descendencia del propio linaje, comenzaron a manifestarse distintos modos de represión.

Y de este modo, por una simple cuestión de propiedad, surgió el patriarcado.

Miles de años después, tras siglos oscuros de opresión física e intelectual, de encierro, de sumisión brutal, cazas de brujas, asesinatos y torturas, de matrimonios forzosos y violaciones sistematizadas, podemos afirmar que la mujer ha logrado recuperar ciertos derechos, pero que la situación de abuso y tiranía patriarcal sigue tan vigente como siempre, adaptando las maniobras de control a las necesidades del momento y del lugar.

En la cultura occidental se ejerce una violencia sutil y simbólica mediante la cosificación de la mujer, en una sociedad fagocitada por el consumo y el materialismo,  donde la identidad femenina se construye en torno a estereotipos tan artificiales como inalcanzables; es un artículo mercantil más. Los medios de comunicación, como fuente de referencia, son la herramienta perfecta para arrojar la imagen de una mujer objeto, creada para goce y disfrute del público machista.

“El cuerpo de las mujeres”, realizado por Lorella Zanardo y Marco Malfi Chindem y “Miss escaparate”, de Jennifer Siebel Newsom, son dos documentales que denuncian las imposiciones físicas del sistema patriarcal, tan contrarias a la naturaleza y los intereses reales de la mujer. Además, analizan las profundas consecuencias de esta alienación, tanto a nivel individual como social, y cómo esta publicidad sexista y degradante devalúa la imagen pública de la mujer en todos los ámbitos de su vida.

En España, un país de arraigada tradición machista, la muerte por adulterio o “privilegio de la venganza de sangre” fue un derecho legítimo del marido hasta 1963, cuando se revisó y se eliminó del Código Penal. La violencia de género, a pesar de todo, continúa siendo una constante y acaba cada año con decenas de vidas de mujeres, que aún son consideradas como propiedades de sus cónyuges o parejas sentimentales.

“La mujer, cosa de hombres”, de Isabel Coixet, revisa el papel femenino en la sociedad española de los últimos 50 años y la repercusión que ha tenido la publicidad en los delitos por violencia doméstica, recopilando una serie de spots donde se presentan mujeres relegadas a la función de esposas sumisas, resignadas y confinadas al ámbito del hogar y la familia.

En otras latitudes, la violencia es mucho más directa y el abuso hacia el colectivo femenino está tan enraizado que incluso es aceptada por la propia mujer como parte de una tradición irrevocable.  Costumbres antiguas como la dote, el patrimonio material que la familia de la futura esposa debe entregar al novio, supone la sentencia de muchas niñas en varios países orientales. “La maldición de ser niña”, de Alexis Marant y Manon Loiseau, aborda la terrible realidad que se cierne sobre las mujeres del continente asiático. India, Pakistán y China son algunos de los países que practican el infanticidio, el feminicidio y, más recientemente, el feticidio. Cientos de miles de niñas desaparecen nada más nacer. Ni la medicina ni las leyes han conseguido erradicar esta práctica que está reduciendo drásticamente el porcentaje de población femenina en estos países.

La educación, vetada para tantas niñas, es, sin duda, la mejor arma para el cambio. Educar a una niña  no sólo afecta  a su propio futuro, sino  al futuro de su familia, su comunidad y de su país. Las niñas educadas se casan más tarde, tienen menos probabilidades de ser víctimas de trata de personas, tienen mejores oportunidades para educar a sus propios hijos y gozan de mejor salud. “Girl Rising”, dirigido por Richard Robbins, es un magnífico documental que habla de forma poética y esperanzadora del valor de la educación, a través de las historias de nueve niñas extraordinarias que superaron los obstáculos de un mundo que las despreciaba y, rompiendo todas las barreras, eligieron su propio destino.

Pero aún quedan rincones en el mundo donde la vida para las mujeres discurre de otro modo; lugares en los que no existe ese sentido de la propiedad que esclaviza, limita y castiga a tantas personas cada día. “Tierra de mujeres”, dirigido por Xiadon He, aborda las costumbres de la etnia china Mosuo, una de las últimas sociedades matriarcales del mundo. En la cultura Mosuo, la igualdad y el respeto entre hombres y mujeres es total y practican el amor libre, ya que el matrimonio no existe y la fidelidad es un concepto desconocido para ellos. Pero lo más fascinante de esta sociedad organizada por mujeres es la ausencia de violencia, de pleitos entre parejas o de violaciones. La convivencia pacífica y feliz parece estar ligada a la cultura matriarcal.

Aún queda un largo camino de lucha por la igualdad y el respeto en la que todas y todos tenemos que implicarnos. La discriminación sexista es una lacra humana que debemos combatir de forma activa y consciente. Construir una nueva sociedad basada en otro tipo de valores es la única forma de erradicar la violencia y la opresión patriarcal.

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“Si la civilización estriba en progresar hacia el futuro, ha de ser a través de la ayuda de las mujeres, mujeres liberadas de sus grilletes políticos, mujeres con plenos poderes para ejercer su voluntad en el seno de la sociedad.”Emmeline Goulden Pankhurst , sufragista británica.

Artículo publicado en:  http://www.ethicalmagazine.org/patriarcado-yugo-invisible-por-noemi-alba/#more-2237

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