¿Sabes lo que comes?

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El modelo de alimentación ha cambiado de forma radical en los últimos 50 años, pasando de ser algo natural, ligado a la tierra y a las estaciones, a convertirse en una industria que monopoliza las materias primas, las manipula y las transforma para ofrecernos una gama de productos  artificiales que nada tienen que ver ya con lo que fueron en origen.

La globalización es un proceso que ha afectado de forma directa al modelo de producción alimentaria, y por consiguiente, a las comidas que tomamos diariamente en nuestros hogares. Nos hemos acostumbrado a disponer de todo en cualquier época del año; nuestro paladar ha perdido el gusto por los alimentos frescos y naturales, sustituyéndolos por productos procesados, con salsas y conservantes y un elevado porcentaje de grasas y azúcar. Está comprobado que estos últimos ingredientes, así como algunos potenciadores del sabor, actúan directamente sobre nuestros neurotransmisores, promoviendo además la liberación de endorfinas y dopamina de forma rápida y adictiva, que hace entrar a los consumidores en un círculo vicioso de necesidades creadas.

El consumismo, el ritmo de vida e incluso la insatisfacción personal, nos han hecho víctimas de un sistema que tiene un control absoluto sobre lo que comemos; manipulando nuestros apetitos con colores, formatos y sabores tan atrayentes como artificiales.

Pero detrás del supermercado se esconde una industria que engloba a empresas farmacéuticas, químicas, ganaderas y agricultoras en un entramado económico de producción salvaje y máxima rentabilidad, que conlleva de forma inevitable la propagación de enfermedades, epidemias, y problemas de salud, derivadas directamente de la alimentación.

Infecciones por e-coli, encefalopatía espongiforme, gripe aviar, listeriosis, diabetes y cáncer, son algunas de las dolencias relacionadas con el consumo proveniente de la ganadería extensiva, cuya forma de trabajo, tan similar al de una fábrica de alto rendimiento, implica además un trato brutal e inhumano hacia los animales explotados, a lo largo de todo el proceso. Las puertas de estos centros suelen estar cerradas a investigadores, cámaras y visitantes, y la mayoría de imágenes que se han podido captar, han tenido que ser obtenidas mediante cámaras ocultas. Es una realidad que alguien no quiere que veamos.

Por suerte, algunos directores han hecho estupendos trabajos de investigación tratando de mostrar al mundo de dónde viene lo que comemos.

“Food, Inc.” de Robert Kenner, parte del punto de vista de la industria alimentaria estadounidense, mostrándonos hasta qué punto esta industria está en manos de unas pocas multinacionales. Dichas empresas controlan, desde los cultivos vegetales y la selección de semillas, hasta el sistema de producción en las granjas en todos sus detalles, pasando por la manipulación de los alimentos y su venta en supermercados. La sombra de Monsanto siempre está presente, objeto de polémica constante por el riesgo, potencial o real, que suponen sus actividades de comercialización e investigación biotecnológica sobre la salud humana, animales y cultivos vegetales.

“Fast Food Nation” y “Super Size Me” se centran en las cadenas de comida rápida; mostrando el proceso de fabricación de los productos que nos venden tras esa falsa imagen familiar, feliz y entrañable. Bacterias fecales, sabores químicos, grasas saturadas que engañan al paladar y dosis calóricas que superan lo recomendable, disfrazadas en envoltorios de colores, adornadas con juguetes de moda y servidas en menos de cinco minutos. Las consecuencias para la salud pueden ser irreversibles, pero la finalidad de estas empresas es, una vez más, enriquecerse aún a costa de la salud y la vida de muchas personas.

“Forks over Knives” dirigida por Lee Fulkerson, enfoca el tema alimentario desde el punto de vista de la salud; analizando cómo han cambiado nuestros hábitos en los últimos años y los efectos que estos cambios están teniendo a nivel médico sobre la población. Se nos presentan opiniones y estudios de varios doctores, los cuales relacionan la proliferación de algunas enfermedades graves con el consumo de determinados alimentos, demostrando cómo una dieta basada en vegetales puede evitar estos problemas e incluso llegar a revertirlos.

“Planeteat”  de Shelley Lee Davies, retrata el impacto ambiental de una dieta rica en proteína animal así como los beneficios de una dieta vegetariana, no solo para la reducción de los agentes contaminantes, el efecto invernadero y el cambio climático, sino también sobre la salud del ser humano.

Parece ser que algo tan simple, básico y primordial, tan natural como es alimentarse y nutrir el cuerpo para llenarlo de vida, se ha convertido hoy día en algo que escapa a nuestro control. La comida ha pasado a formar parte de un sistema dirigido por lobbys de la industria alimentaria. Informarse y ser consciente de nuestros hábitos, y saber qué compramos y comemos, es fundamental para decidir con qué productos llenamos nuestra cocina.

Artículo publicado en: http://www.ethicalmagazine.org/sabes-lo-que-comes-por-noemi-alba/#more-1467

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