Vive y deja vivir

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Revueltas en Stonewall

Era una noche de verano en la que lucía una espléndida luna llena. Las calles de una ciudad que nunca duerme se entregaban al letargo de la madrugada, cubiertas de luces, sombras y sonidos lejanos, amortiguados por la oscuridad. Excepto en Greenwich Village, donde una revolución acababa de estallar.

Era Nueva York, un mes de junio de 1969, en un local llamado Stonewall. Surgió de forma espontánea como resultado de años de miedo y represión, y lo que esa noche parecía una redada más, se convirtió en el principio de una lucha.  La llama prendió la mecha de la furia y miles de homosexuales se enfrentaron a la policía aquella madrugada, sin más armas que la necesidad imperiosa de poder vivir siendo ellos mismos.

Los incidentes en el Stonewall fueron la chispa que inició el movimiento moderno de liberación LGBT, como en su día lo fue Rosa Parks para la lucha contra la segregación racial.

“La Rebelión de Stonewall” nos habla de aquella noche y de una época en la que cualquier opción distinta a la heterosexual era ilegal en los Estados Unidos.  Las décadas de los 50-60 fueron especialmente oscuras, y las personas gays podían ser internadas en una institución mental y sometidas a terapias de electroshock, en el mejor de los casos. El diagnóstico: psicopatía sexual. En el Hospital Estatal de Atascadero se realizaban experimentos con fármacos, lobotomías y otras torturas como tratamiento para curar la homosexualidad.  La castración también era una práctica habitual, que además estaba permitida en siete estados.

En cuanto a la vida en sociedad, el Estado y la ley amparaban cualquier tipo de persecución en su cruzada contra los que denominaban “invertidos”, y salir del armario en aquellos años podía suponer la exclusión social y laboral, la retirada de licencias para acceder a un empleo, el repudio familiar y una vida destrozada. En la mayoría de los casos sólo había dos opciones: fingir o morir.

En España, durante la dictadura, la situación no era muy distinta. La policía podía realizar detenciones bajo las leyes de “Vagos y Maleantes” y de “Peligrosidad y Rehabilitación Social”, y parecer homosexual era tan peligroso como serlo. Las terapias de condicionamiento aversivo con descargas eléctricas también estaban a la orden del día. Tras la caída del régimen franquista, se promulgó la ley de amnistía que, sin embargo, no indultó a los presos encarcelados por conducta homosexual, que continuó considerándose ilegal hasta 1979.

En “El muro rosa”, distintos personajes nos relatan en primera persona sus vivencias como víctimas de la opresión sufrida en nuestro país.

Aunque los avances son lentos y en algunos lugares del mundo se reconocen incluso derechos civiles a parejas del mismo sexo, siguen existiendo países en donde no solo hay restricciones a la libertad de expresión, sino que además la persecución social es brutal e implacable, las agresiones a pie de calle están respaldadas por el gobierno y el castigo es la condena a muerte. La homosexualidad es un delito criminal en 80 países del mundo; Uganda es uno de ellos. “Call me Kuchu (Llámame Kuchu)” es un sobrecogedor documental sobre la situación en este país, que ha llegado a oficializar el odio hacia el colectivo LGBT.

El cine, como reflejo y espejo de la sociedad en que se vive, también tiene una importante influencia en los espectadores, pues posee el poder de alimentar prejuicios y clichés.

“El celuloide oculto” analiza la presencia y el tratamiento de personajes homosexuales en el cine de las grandes productoras de Hollywood. En líneas generales, el mundo homosexual no ha tenido demasiada presencia en la historia del cine, más allá de un personaje del que reírse o sentir lástima. Durante más de treinta años se aplicó el código Hays, compuesto de una serie de reglas o principios que actuaban como sistema de censura. La Iglesia Católica fundó “La legión de la decencia” y, además, se aprobó una enmienda que dictaba que todas las películas debían ser supervisadas y aprobadas por este grupo, el cual velaba por la moralidad de los ciudadanos. Ante este panorama, los directores de cine de la época aprendieron a sugerir más que a mostrar, a ser más sutiles y expresarse entre líneas.

La sociedad, como algo cambiante que se adapta y se transforma, necesita romper patrones de conducta que no tengan en cuenta la individualidad y el ser único de cada persona. La teoría Queer rechaza la clasificación binómica de los individuos como hombre/mujer, hetero/homo o pene/vagina, y critica los roles de género que son el resultado de una construcción social. “Fake orgasm” se adentra en el tema de la deconstrucción del género y las identidades sexuales, y nos muestra una opción donde el cuerpo no limita a la mente ni a las relaciones personales.

En 1990, hace tan solo 23 años, la Organización Mundial de la Salud excluyó la homosexualidad de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades, pero la lucha por la visibilización e igualdad social sigue casi tan candente como entonces. La respuesta social y política comienza a ser favorable en algunos lugares, mientras que en otros, con el resurgir de ideologías neofascistas como reacción desesperada a un mundo en crisis, hace que el movimiento LGBT sufra avances y retrocesos.

Pero la intolerancia nunca ha sido una opción, y cualquier lucha por la igualdad y el respeto debe ser cosa de todos. La verdadera evolución del ser humano se traduce en una sociedad donde cada individuo pueda ser uno mismo y vivir abiertamente, sin miedo y con orgullo.

Artículo publicado en: http://www.ethicalmagazine.org/vive-y-deja-vivir-por-noemi-alba/#more-1572

https://www.facebook.com/ethicalmagazine/

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