La bolsa o la vida

La medicina comenzó a existir en tiempos prehistóricos, como respuesta instintiva para combatir los contratiempos más habituales de la vida salvaje, y en seguida se convirtió en ritual, mezclando algunos conocimientos de naturopatía con invocaciones mágicas a los poderes de la naturaleza.

Gracias a Hipócrates, comenzó a estudiarse el fenómeno de la enfermedad como algo que surge del propio cuerpo, a pesar de que depende en muchas ocasiones de factores externos. A lo largo de la historia, han ido surgiendo distintas escuelas y corrientes de pensamiento con respecto al tipo de tratamiento que se debe ofrecer a los incontables malestares del organismo, pero lo que sin duda caracteriza a nuestra época es el negocio feroz e inhumano que ha crecido rápidamente en torno a la medicina y la salud.

El sistema capitalista, con su política de privatizaciones, comercia con la salud de la ciudadanía, que envuelta en un ritmo de vida antinatural y dañino,  ve mermada su calidad de vida, sufriendo enfermedades relativamente nuevas, derivadas de exposiciones elevadas a estrés, contaminación y tóxicos.

Cada vez más médicos afirman tajantemente que el actual sistema sanitario es en realidad un sistema de enfermedad, concebido para que la gente permanezca enferma el mayor tiempo posible y compre fármacos, en el sentido de que los medicamentos que se nos proporcionan solamente tratan y alivian los síntomas, pero no la enfermedad. Multitud de informes y debates aseguran la existencia de  muchos mitos en torno a las dolencias más comunes entre la población, e incluso se mencionan ajustes del baremo considerado saludable para los niveles de ciertas sustancias en sangre, en función del stock del medicamento que se desee vender.

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El marketing del miedo: falsas enfermedades, es un documental realizado por la periodista independiente Alícia Ninou, que relata en múltiples entrevistas cómo las empresas farmacéuticas elaboran la ficción de nuevos virus mortales para la humanidad, con el fin de incrementar sus ventas a nivel mundial. Un documental basado solamente en la realización de entrevistas a diferentes profesionales de la salud, con una dilatada experiencia sobre el tema. Se pone también en tela de juicio la actual práctica de campañas de vacunación excesiva, que a menudo impide un correcto desarrollo del sistema inmunológico y que, muchas veces, tienen graves efectos secundarios.

Pero la cara más oscura de la industria sanitaria se desvela en el siniestro juego de las patentes. La patente es un derecho negativo, otorgado por el Estado a un inventor que permite al titular de la patente impedir que terceros hagan uso de su tecnología, durante un tiempo de 20 años, actualmente. El titular de la patente es el único que puede hacer uso de dicha tecnología y autorizar a terceros a implementarla bajo las condiciones que el titular fije. Esto afecta especialmente a países subdesarrollados y con enfermedades contagiosas que no pueden acceder a la medicación necesaria.

Salud en venta: el negocio de las farmacéuticas, documenta, rigurosamente con testimonios cualificados, la realidad sobre la mafia farmacéutica, una industria que a menudo olvida que su propósito de existir es salvar vidas.Las 10 compañías farmacéuticas más grandes forman el gran emporio de BIGFarma, que conforma el conglomerado más poderoso de la industria farmacéutica mundial.

En 2004 el gasto mundial en fármacos recetados fue de 500,000 millones de dólares. BIGFarma obtuvo beneficios de 205,000 millones de dólares, casi tanto como el PIB de Dinamarca. Lo irónico es que los medicamentos más vendidos en todo el mundo están relacionados con condiciones que podrían revertirse con una buena alimentación.

Pero aún podemos caminar por terrenos más pantanosos si nos adentramos en el territorio de las enfermedades creadas en el propio laboratorio y extendidas por alguna serie de negligencias en el protocolo médico. Temas que se mueven en el terreno de lo conspiranoico, cuya verdad jamás saldrá a la luz, protegida para salvaguardar los intereses de uno de los negocios que más dinero mueve en el mundo.

En el documental Los orígenes del Sida, se desvela el verdadero motivo de esta epidemia mundial que se inició con la investigación de una vacuna experimental contra la polio, que se cultivaba en tejidos de riñones de monos africanos, y que fue testada en los sectores más vulnerables de la población. Evidentemente, esta teoría ha sido convenientemente desmentida para no generar alarmas ni desconfianza hacia a todo aquello que viene en forma de vacuna o medicamentos.

Y es que en nombre de la ciencia se han realizado las peores atrocidades. El escuadrón 731 fue un proyecto de investigación científica desarrollado en el Japón de los años 30, y que llevaba a cabo despiadados experimentos sobre humanos con la finalidad de crear armas biológicas y perfeccionar los tratamientos aplicados a los enfermos y heridos de guerra. Las torturas eran inimaginables para una mente sana: vivisección para documentar la agonía y la muerte, inoculación de enfermedades infecciosas como el cólera, el tifus, la peste, ántrax, difteria o la bacteria de la disentería, pruebas con sustancias tóxicas como cianuro o arsénico y un largo etcétera.

Experimentos similares realizaron los médicos del III Reich.

En el Jewish Chronic Disease Hospital de Brooklyn, se inyectaron subcutáneamente células cancerígenas a 22 pacientes ancianos sin su consentimiento.

En la Willowbrook State School, una institución para niños con retraso mental de Nueva York, se infectaba de hepatitis a los recién ingresados, con el fin de encontrar una vacuna.

O el famoso “Experimento Tuskegee”, realizado en Alabama sobre casi 400 varones de raza negra que fueron contagiados de sífilis.

El código de Nuremberg primero y la Declaración de Helsinki más tarde, se crearon para recoger una serie de principios éticos para las investigaciones médicas en seres humanos.

Y los avances científicos conseguidos a partir de estas torturas (que los hubo), se rechazaron por inmorales, o al menos no se reconocen públicamente.

Experimentos médicos no consentidos, del Canal Historia, hace referencia a los experimentos en Suffield, una base de las Fuerzas Militares Canadienses, en la que muchos soldados fueron engañados para ser sometidos a los efectos del gas mostaza, uno de los químicos más letales y fáciles de fabricar.

El ser humano es terriblemente dual, conteniendo en sí las más elevadas virtudes y las bajezas más inmorales. Quizá no podemos luchar contra lo que es nuestra naturaleza, pero sí podemos esforzarnos en buscar la verdad y revelarnos cuando no nos guste, cuando no se nos respete y cuando se nos manipule.

“La raza humana puede sobrevivir perfectamente sin un interminable repertorio de fármacos nuevos. Pero la industria farmacéutica, no”. Jacky Law

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