La vida de los abuelitos

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En otros tiempos y otras culturas la vejez se ha entendido de un modo distinto, como un lugar de calma interior y sabiduría dentro de la fragilidad de un cuerpo que ha vivido mucho. El grupo familiar, clan o tribu, se volcaba en los cuidados de esas personas, haciendo lo posible para hacerles más sencillo y amoroso ese último trayecto, por el que todos, en principio, habremos de pasar.

Lamentablemente ahora vivimos en una agitación constante, envueltos en la frivolidad de lo físico, del usar y tirar, del placer inmediato, y la cultura de los cuidados ha quedado relegada a un segundo plano. Y resulta que lo enfermo, lo viejo y lo feo, molesta, porque nos recuerda que algún día, nosotras mismas estaremos allí. 

Pero la lacra de la vejez se hace más dura en los seres de otras especies, quienes ademas de sufrir un fuerte rechazo social, no cuentan siquiera con un sistema adecuado de apoyo veterinario. No es infrecuente que los animales que habitualmente comparten nuestros hogares, como perros y gatos, sean descartados, expulsados de la familia y abandonados, en cuanto sus cuerpos comienzan a resentirse. Parece que aún no se tiene asumido que adoptar a un animal, al igual que criar a un hijo, va a suponer un importante desembolso económico. Y llegado el momento de luchar contra las enfermedades que puede desarrollar cualquier organismo, de invertir en pruebas médicas y tratamientos que garanticen una mejor calidad de vida para tu compañero, muchos deciden optar, y por desgracia a menudo respaldados por veterinarios, por una fría y triste eutanasia. 

Tantos años de amor y gratitud, de esa confianza tan absoluta con que se nos entregan, debería verse recompensada con una vejez dulce y serena. Por el contrario, lo último que sienten muchos animales en sus breves vidas, es su piel sobre la fría mesa metálica de la clínica o el cemento de una perrera, donde los ancianos abandonados mueren rápidamente de pena y soledad. 

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El Hogar ProVegan es un santuario de animales ubicado en Tarragona, que rescata a aquellos animales que son rechazados por la sociedad o a los que no tienen cabida en otras asociaciones más convencionales. Muchos de ellos son ancianos que arrastran graves problemas de salud como consecuencia de negligencias o abandonos. 

Ohana tenía 11años cuando comenzó a mostrar síntomas de que algo no iba bien en su cuerpo. Empezó a orinarse en casa y a expulsar sangre en las heces, así que su responsable la llevo al veterinario con el propósito de sacrificarla. No tenía tiempo de hacerse cargo de las necesidades de un animal viejo y enfermo. Este veterinario, tratando de apelar a ese sentido de la compasión que en algún rincón todos deberíamos tener, le invitó a buscar una alternativa mas ética para la abuelita. Pero su familiar humano que, curiosamente, era médico de profesión, huyó cobarde y cruelmente de la enfermedad de Ohana y no quiso brindar ni un día de su tiempo a la búsqueda de una nueva familia para esta abuelita y decidió dejarla en una gélida perrera, mintiendo al veterinario sobre su paradero. Nuestra voluntaria Ohana siguió su pista y la rescató de aquel horrible lugar. 

Cuando llegó al santuario comenzamos un pleriplo de pruebas y visitas veterinarias pero la pequeña, aunque feliz y agradecida de formar parte al fin de una verdadera familia, se nos iba: tenía un cáncer en fase terminal. El Hogar ProVegan llegó a tiempo para darle una muerte digna, amorosa y sin dolor, y para acompañarla en su último mes de vida dándole un amor infinito y un cariño que pocos abuelos pueden disfrutar. 

La situación de los animales que la sociedad denomina “de granja”, es mucho más grave aún, ya que la ciencia veterinaria se ha desarrollado con una finalidad económica y no de bienestar animal y las competencias médicas de estos profesionales no van más allá de conseguir una mayor productividad por parte de la industria ganadera. 

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La mayoría de ellos jamás han tratado las dolencias naturales de una vaca o una cerda de más de 7 años por la sencilla razón de que en las granjas, estos animales nunca alcanzan esas edades. Por este motivo, El Hogar ProVegan y el resto de santuarios de animales, encontramos muchas puertas cerradas cuando tratamos de buscar soluciones para los rescatados más mayores. 

El caso de Jazmín es uno de los más representativos. Jazmín es una gallina anciana que sufre un desplazamiento de cadera, algo muy común en los humanos de la tercera edad, que provoca mucho dolor y dificultades para caminar, y que se suele solucionar con una cirugía que ya hoy día es sencilla y rutinaria. 

Por desgracia para Jazmín, quien tiene tantas ganas de vivir como cualquier otro individuo, no existe esa alternativa, ya que los veterinarios a los que hemos consultado se han negado a realizarle esta operación, que consideran insólita y descabellada. Y así Jazmín, debe convivir con el dolor y la inmovilidad por haber nacido gallina en una sociedad que nos niega los recursos para poder cuidar de estos animales de la forma que ellos merecen y necesitan. 

Llama, es otro caso habitual. Es una cerda de 200kg que llegó con una cadera rota, sus huesos frágiles tras una vida de mala alimentación y falta de luz solar, se quebraron con algún golpe en la granja donde malvivió. El HogarProVegan tuvo que hacer grandes esfuerzos para persuadir a la Facultad de Veterinaria para que accediesen a realizarle un TAC a Llama y poder ver el problema que la hacía estar postrada. Eran reacios porque nunca se había efectuado este tipo de prueba a un cerdo: en las granjas, a los animales cuyas lesiones les impiden incluso levantarse a tomar su alimento, se les deja morir cruelmente en un rincón. 

Hoy, después de numerosas operaciones para eliminar fragmentos de hueso roto que llenaban de abscesos su cuerpo, y tras largos meses de recuperación, Llama de La Esperanza, camina y trota feliz haciendo sonidos alegres como canciones por las tierras del santuario. A pesar de historias injustas como éstas, en las que se condena a los individuos a una muerte prematura, el santuario está lleno de ancianos que pastan al sol, de sillas de ruedas que portan cuerpos llenos de vitalidad y de bocas sin dientes que sorben deliciosas papillas con gran placer. La especie aquí es indiferente, ellos son gente que merece vivir la experiencia de la vida en todas sus etapas. 

Los santuarios de animales representan para muchos la oportunidad de una vida libre y digna pero a menudo nos topamos con un muro inquebrantable que nos impide ofrecerles los cuidados médicos para curarles o los tratamientos adecuados para paliar los dolores crónicos que algunos padecen. 

Es preciso que la comunidad veterinaria se esfuerce en ampliar sus conocimientos para adaptarse a este cambio social en el que animales de todas las especies comienzan a tener cabida. La geriatría veterinaria es parte de esta lucha contra el especismo, ya que reconoce el derecho de todos los individuos a cumplir su ciclo vital y a recibir las atenciones apropiadas que garanticen una vejez cómoda y apacible. Pensemos en ello, revisemos nuestras prioridades, nuestro ritmo y nuestra vida alrededor. Desde El Hogar ProVegan Animal Sanctuary creemos que es tiempo de cambio, de dar, de perdonar y de amar.

Artículo publicado en Ideas Imprescindibles

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