Bienestar animal, ¿positivo o negativo?

La historia de la humanidad está ligada a un sinfín de conflictos y de guerras, pero también a numerosos avances tecnológicos, sociales y éticos. Incluyendo progresivas mejoras en la convivencia con las demás especies animales. Durante largo tiempo, los animales han sido considerados como meros objetos, sin capacidades intelectuales ni sensitivas, incluso sin sentimientos. Por lo tanto, no se les otorgaba ningún tipo de derecho ni reconocimiento moral.

Poco a poco la idea de respeto se fue introduciendo en el pensar de algunos ciudadanos como por ejemplo los practicantes del budismo y la ahimsa, un concepto que promueve la no violencia y la consideración hacia toda forma de vida. Ashoka, uno de los reyes impulsores de esta doctrina en el s. III a.C., llegó a construir varios hospitales de animales.

El veganismo es el único sello de garantía que certifica el bienestar animal

Tiempo después, en la Grecia Clásica, filósofos como Plutarco y Pitágoras, sustentaban la idea de que humanos y animales teníamos el mismo tipo de alma y ante esta certeza de igualdad, promovían activamente un estilo de vida vegetariano. En la Edad Media, SanFrancisco de Asís trató de hermanos a las demás especies. Pero fue en la Edad Moderna cuando comenzaron a redactarse leyes de protección animal como se puede comprobar en The Statutes, el corpus legislativo irlandés. En este país, en 1635 se prohibió atar arados a la cola de los caballos y fisurar lana de oveja, prácticas que suponían un gran sufrimiento para estos animales. En Reino Unido, Oliver Cromwell prohibió las peleas de perros, gallos o toros y en Massachusetts Bay se redactaron leyes para proteger a los animales domésticos.

Llegó la Ilustración y siguieron aumentando las disposiciones legales para la protección animal. Jeremy Bentham, se considera el padre del utilitarismo que aboga por buscar soluciones dirigidas a obtener el bien común y la mayor felicidad posible. El primer activista moderno fue Lewis Gompertz quien fundó en 1824 la RSPCA, la Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals y en 1866 se fundaba en Nueva York la American Society for the Prevention of Cruelty to Animals. 

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En el siglo XIX siguieron surgiendo asociaciones que promovían el bienestar animal, algunas ya centrándose en el vegetarianismo como opción de vida y como forma de rechazo activo del maltrato animal. Se fundó la Unión Vegetariana que con el tiempo pasó a tener asociaciones en muchos países del mundo, realizando hasta hoy día congresos mundiales en varios continentes.

Los derechos animales pasan por considerar intolerable  el uso de otros individuos como propiedad

Y llegamos a nuestros días, un periodo histórico en el que la sociedad cada vez se encuentra más concienciada con respecto al trato que se les da a los animales. El veganismo es una tendencia en alza que aumenta de forma imparable, siendo la ética una de las motivaciones principales para abogar por este estilo de alimentación y de vida. Pero, esta creciente preocupación por el bienestar animal y la aceptación del veganismo como única opción libre de crueldad, choca frontalmente con los intereses de la industria. Para confrontar este problema, de forma estratégica, se están implementando medidas destinadas a mejorar las condiciones de vida de los animales durante el proceso de explotación. Cada vez son más las empresas que desean conseguir los distintos sellos y certificados que acreditan el bienestar animal de los que proceden sus productos.

Pero, ¿cómo se mide el bienestar animal?

El proyecto europeo Welfare Quality establece doce criterios para valorarlo, como ausencia de hambre y sed, ausencia de dolor, miedo, lesiones y enfermedades o confort térmico y en el descanso.  Para cumplir con estos principios, la tendencia es aplicar pequeños cambios como el aumento del tamaño de las jaulas, la reducción del número de individuos en las áreas de alojamiento, la revisión de los métodos de transporte o la obligatoriedad del aturdimiento antes del sacrificio, por poner algunos ejemplos. La intención de estos proyectos es integrar el bienestar animal en la cadena alimentaria. ¿Es esto realmente un progreso?

Existen distintas opiniones al respecto. Por una parte se presenta el dilema de que la creación de certificados transmite la falsa idea de que se pueden consumir productos de origen animal sin provocarles sufrimiento. De esta forma, se alivia la conciencia de esas personas que pudiesen sentir cierta inquietud ante la realidad de la explotación ganadera.

De este modo se perpetúa un consumo de productos animales libre de remordimientos

Por otra parte, estos certificados pueden no ser fiables. Hace unos meses, la organización Igualdad Animal publicaba una investigación realizada en el Reino Unido en una granja porcina, premiada con uno de estos certificados, donde los animales eran sistemáticamente maltratados. A pesar de haber recibido varias visitas a lo largo de un año, en ninguna de las inspecciones pareció detectarse el maltrato. De las mil granjas certificadas el año pasado, solo una fue inspeccionada por sorpresa. Otras investigaciones realizadas por la misma ONG en granjas ecológicas, han revelado una cruel realidad de sufrimiento extremo que nada tiene que ver con lo que promocionan los certificados.  Sin embargo, hay quien sostiene que todas estas regulaciones son un medio para conseguir un fin último, que sería la abolición de la explotación animal como ocurriera en su día con la esclavitud. Los protocolos de bienestar animal, además, contribuyen a minimizar el sufrimiento de los individuos que están siendo explotados.

Así pues, de todo lo expuesto, podemos deducir que el sufrimiento de los animales es un aspecto que ha preocupado al ser humano a lo largo de distintas etapas de la historia, incitando siempre un debate sobre su bienestar. Sin embargo la verdadera cuestión no termina de ponerse sobre la mesa: ¿es moral que las demás especies animales estén dominadas y explotadas por los humanos? Es el momento de que le demos una vuelta de tuerca a este tema.  En vez de quedarnos estancados en intentar regular la forma en la que se les utiliza, debemos asumir que las demás especies no son propiedades nuestras.

Es importante entender que no hay benevolencia en un encierro agradable, ni en una muerte prematura, aunque esta sea indolora. Aunque se les proporcionase una vida mínimamente placentera y feliz, esto no haría que su privación de libertad, su explotación y su muerte fuesen moralmente más aceptables. Los derechos animales pasan por considerar intolerable el uso de otros individuos como propiedad.

El bienestar animal es un parche que no debe apartarnos del objetivo

El bienestar animal es un parche que no debe apartarnos del objetivo y por eso es importante seguir concienciando a la sociedad para que continúe evolucionando y avanzando en el desarrollo de una moral colectiva que respete a los demás animales como a iguales. Vivir de forma vegana es uno de los pasos más importantes que podemos dar para exigir un cambio en el sistema económico y en las formas de producción de alimentos. Tenemos todos los medios a nuestro alcance para vivir de manera saludable y evitar participar de la explotación animal. El veganismo es el único sello de garantía que certifica el bienestar animal.

Autora: Noemí Alba, Activista por los derechos de los animales

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Publicado en Bueno y Vegano Febrero 2019

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